Lo intangible del vacío

 

Proyecto de Sonia Nozal
07.03.12 / 01.04.12
Espacio de Arte Experimental.

cartel sonia

SONIA NOZAL: LA PRENSENCIA DE LO INTANGIBLE

Cuando la presencia de lo elemental, en el principio y el fin que es la obra artística, crea una clara visión de lo plástico y lo filosófico, crear y hacerlo de la forma más pura, sencilla o debíamos decir, elemental, es sumamente complejo. La dicotomía entre la simplicidad y lo complejo es un planteamiento formal del arte más originario y a la vez contemporáneo.

La experimental de estos principios pueden generar a menudo una realidad sólo perceptible al creador, al filósofo y también a quienes aman la belleza de la naturaleza.

Aquí la obra es mitad pensamiento y mitad imagen. La imagen nos presenta una naturaleza sencilla, pero representativa y elemental. Presentando de una forma rotunda la realidad de la naturaleza en compañía de lo minimal, la luz, el material transparente la imagen impresa y su progresión proyectada.

Las obras son como haikus en su planteamiento y también en su filosofía, son elemento básicos y concretos a la vez, expresan no sólo la idea sino un pensamiento profundo y antiguo, la simplicidad del jardín zen con la variedad objetiva de la luz y la sombra.

Cuando el espectador se adentra en el espacio se encuentra en un mundo sutil, sugerente, donde el equilibrio de los elementos en un recorrido variado e independiente le permite la inmersión en todo un pensamiento vivencial, es como acercarnos a un jardín oriental, donde lo básico define el todo, donde la relación entre planta, espacio, aire y su recorrido nos adentran más y más en un mundo reconocible pero primigenio, y donde la sugerencia vegetal nos hace recordar lejanos sueños.

Acaso hemos olvidado los primeros pasos por un jardín en primavera, el susurro de las hojas al moverse con el viento, o el impacto de la luz y la sombra al atravesar el sol entre ellas… Creo que estos sentimientos aparecerán de una forma permanente en nuestra memoria y, por tanto, son elementos fundamentales de lo que hemos visto, sentido y vivido.

Así, al penetrar en espacio y encontrarnos con las obras, sentimos de alguna forma esas mismas sensaciones, las hojas sobre la transparencia se mueven, y generan todo un bosque floral, real de un lado y proyectado mediante las sombras. Ese recorrido siempre variable y elegible por el espectador nos permite un ir y venir por el jardín poético que es la obra.

Luz, objeto, proyección y sombras son sinónimos metafóricos de un jardín interior, el que todos llevamos dentro: poesía, arte, emociones que nos permiten ser lo que somos, seres con una sensibilidad especial capaces de vivir las sensaciones y emociones que Sonia ha puesto en su proyecto.

Sonia nos habla en sus textos de conceptos y relaciones sobre los materiales y su sinónimo simbólico y ve …

“El movimiento de las láminas suspendidas en el espacio emula el sutil movimiento del pincel que dirige las proyecciones en la sala.
Uno de los rasgos más notables del paisaje Sung, así como del sumi-e en General , es la relativa vaciedad del cuadro; pero es un vacío que parece formar parte del cuadro y no un mero fondo sin pintar. Llenando apenas una esquina, el pintor da vida a todo el cuadro.

Del mismo modo, las láminas se disponen en el vacío ocupando el espacio de la sala procurando una relación entre el vacío y lleno, lo que está y aquello que no se ve pero se siente su presencia. El secreto consiste en saber equilibrar la forma con el vacío y, sobre todo, en saber cuándo uno ha “dicho” bastante”

Sonia es de las artistas que plantean una idea sencilla, la presencia de la naturaleza como elemento visual como medio de expresión plástica, donde la plasmación de los elementos simbólicos, flores, son, situadas en un espacio concreto, una especie de diálogo objetivo entre materiales, ideas, circuitos y espectador. Siempre en una frontera entre las visiones naturales y el vinculo con un proceso multidisciplinar, esto es, la utilización de materiales o recursos de reproducción y/o tecnológicos. La necesidad de expresar de una forma visible las distintas referencias que podemos llamar ideográficas, y que recuerdan en muchos casos a los conceptos minimalistas de la tradición iconográfica del arte japonés, de la cultura zen y de lo que ella misma indica, de la investigación de la técnica del kiri-e, que es una técnica propia del arte del calado de papel, y también de la del katagami, o proceso de creación de matrices para la estampación de los tejidos de los kimonos, y que permitió el perfeccionamiento estético y gráfico que propició a su vez surgir la técnica del kiri-e, y la búsqueda de la armonía visual y espiritual.

“La armonía que desprende este arte resulta una gran lección ante nuestro ojo no educado. Una armonía que pretende inundar la sala para penetrar en el espectador y detener su frenético ritmo de vida al menos por un instante”.

Los artistas contemporáneos, tan influenciados por la necesidad de representación de elementos simbólicos de la naturaleza, -sin la obviedad de la presencia física -, han desarrollado diferentes maneras de visualizar la proyección de sus ideas, desde el planteamiento de la propia materia, -la tierra, las rocas el agua-, los recursos generados por los bosques, -ramas o árboles-, y aquellos aspectos temporales, -climatología y el instante horario-, para llegar a una sintonía más próxima a un valor ecológico, su captura visual que entronca con la filosofía propia de la cultura japonesa, Sonia define en su conexión con esta filosofía como, “El carácter simbólico de este arte se basa en la genialidad del acto sencillo y contenido. Metafóricamente elimina el exceso para dejar paso a la luz que compensada con la sombra se aúnan para crear belleza”. En el camino entre el bien y el mal, como un ejercicio espiritual de precisión y de serenidad.

En su aproximación a la naturaleza, y la búsqueda de la belleza, de lo más elemental y originario intenta olvidar el todo, para olvidar el exceso,- la naturaleza primigenia en muchas ocasiones puede parecer al individuo urbanita, un exceso que es incapaz de dominar, y mucho menos controlar, como la propia vida. Por ello la toma de decisiones, utilizar la objetivización de la propia materia orgánica, más próxima a los artistas del arte povera a una visión de nuestro tiempo relacionado con los planteamientos de las instalaciones visuales, es como si en un principio escucháramos una música medieval, para después tras el conocimiento y la audición del Mesías de Haendel nos acercáramos a lo universal, de lo originario a lo universal. Ese paso cuestiona el pasado y condiciona el futuro.

No podemos olvidar que en las filosofías orientales, y en particular en la japonesa, la tradición permanece no solamente en cuanto a actitudes sociales y culturales, sino también espirituales y aún hoy con todos los avances tecnológicos e industriales la presencia de estos valores del pensamiento continúan. Es en estas filosofías una elección contenida, la búsqueda del equilibrio, entendiendo por equilibrio aquí la verdadera virtud. Equilibrio – virtud, palabras que la sociedad occidental no tienen un gran significado, pues estamos acostumbrados al exceso, por ello desestimamos lo originario en alas de la visión global, impuesto por una sociedad mediatizada, y donde lo minúsculo es despreciado y llevado al olvido.

Sonia busca en su instalación un acercamiento a lo particular, para darnos una visión especial de aquellos aspectos particulares de la naturaleza que tanto le interesa, y que tiene como referente y punto central de sus planteamientos la filosofía, y por ello la referencia visual que significa una presencia continua en la sociedad y que puede parecer a ojos de los occidentales muy elemental. Comenta en su proyecto que sólo… “Se debe apreciar el conjunto y admirar la belleza de todas sus partes para poder desestimar el exceso y hacer de este sobrante negativo un elemento minúsculo, aparentemente insignificante que en relación con el conjunto resulte algo hermoso”, y podemos añadir que este pensamiento siempre próximo al arte conceptual donde la obra “se manifiesta originariamente en el yin el yang: los principios masculino y femenino, positivo y negativo que, en equilibrio dinámico, mantienen el orden del mundo. La idea básica que encontramos en la raíz de la cultura oriental es que los opuestos son relativos y fundamentalmente armónicos”.
Sonia se encuentra en esta difícil elección, entre lo general y lo minúsculo, entre maximizar o minimizar –teniendo esta expresión el referente del mucho y poco de la información y del avance tecnológico-, donde elige lo mínimo pero fundamental para expresar toda esta experiencia y que en ello está su clave, La temática floral, que es el icono fundamental de los artistas zen, y también de otros pensamientos filosóficos y culturas y sociedades antiguas. La presencia de lo elegido no es necesariamente real, sino una aproximación personal a ella, y puede a su vez parecer un hecho fragmentado que se convierte en globalidad o totalidad en la puesta secuencial y múltiple en el espacio elegido, el lugar.

Aquí objeto –flor- y el lugar –naturaleza- se nos presentan…”como motivo envolvente en el espacio y es totalmente intencionada debido al pensamiento que considera que la obra de arte no sólo representa la naturaleza sino que ella misma es una obra de la naturaleza, pues ya la técnica implica el arte de la ausencia de artificio, o lo que Sabro Hasegawa ha llamado el “accidente controlado”.

Accidente controlado, que nos hace ver la conjunción de tres entidades distintas, la naturaleza con su simbolismo concreto y con su relación de lo efímero, el hombre, presente y buscador de la belleza que interviene y modifica –crea- a través de la simplicidad de las flores, y espacio donde esa bella y frágil flor nos da su presencia visual y olorosa antes de su degradación, y que nos obliga a estar en el instante de su nacimiento, de su presencia temporal para poder apreciarla. “La vida es corta, por ello no debemos perder el tiempo en sufrir, hay que adoptar una postura natural y dejar fluir las sensaciones”. Percibir lo que está junto a nosotros en ese instante, y si somos capaces reflexionar sobre nuestra ubicación en este mundo.

No es fácil hacer comprender al espectador con palabras lo que es necesario percibir por medio de las imágenes, de las sensaciones que estas nos ofrecen. Sólo con nuestro itinerario en el espacio, podremos percibir emociones y sensaciones, y al integrarnos en el, comprenderemos su intencionalidad. Ese viaje por el Zen es sobre todo una experiencia, de carácter no verbal, absolutamente inaccesible por medios puramente literarios o eruditos.

Los que saben no hablan; los que hablan no saben, dicen los místicos taoístas de la China imperial, de donde los maestros zen toman su inspiración. En efecto, sin hablar todo puede ser dicho y abarcado. El silencio resulta así muy elocuente.
La instalación de Sonia es una armonía entre la naturaleza y las transparencias que la representan y, “tienen como objetivo hacer partícipe de la obra al espectador provocando en él una reflexión personal o abstracta gracias al carácter sensitivo de esta misma. Se pretende acercar al espectador al mundo del arte, propiciarle un argumento que sostenga su importancia y vinculación con el mundo”.
Lo que la apasiona es sobre todo la búsqueda de los materiales, la incorporación de las imágenes proyectadas, el simbolismo de las luces y las sombras y por encima de todo el hecho artístico en sí, que le permite provocar en el observador reacciones diversas y obligarle a reflexionar paralelamente con ella sobre la cuestión clave de su obra, la presencia de un pensamiento específico sobre la objetualización de la naturaleza y su simplificación en las plantas que siempre aparecen en segundo lugar

Me gustaría finalizar este texto con un pensamiento que me parece significativo no sólo porque es una clara percepción de una realidad que aprisiona a la sociedad occidental, y que nos ha llevado a un enfrentamiento radical entre culturas y pensamientos filosóficos de una forma excluyente, hoy con tanta formación e información el individuo esta más alejado que nunca de su entorno y de una forma de vida más próxima a las raíces que lo ha estado nunca en tiempos anteriores, y es por tanto necesario que artistas, filósofos, intelectuales, poetas y todos aquellos que tenemos algo que decir, hagamos un esfuerzo mayor para que lo que nos rodea, naturaleza, pensamiento, culturas se relacionen de una manera natural, sin confrontación, para poder entendernos mejor unos con otros, con la finalidad de no dejar un futuro tan difícil para las próximas generaciones:

“Apreciar lo extraño, entendido como ajeno a nuestro pensamiento y cultura, es un ejercicio mental que ayuda en el crecimiento del espíritu y la persona. Sin duda, es un ejercicio necesario en la actualidad pues el individuo se encuentra perdido y desorientado tras el frenesí vivido en la última década. Un ritmo acelerado que ha provocado el desquicio y la ruptura que alcanza todos los campos, social, económico, cultural y personal”.

Miguel Ángel GascoPintor y Profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca.

 

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