Et in Arcadia ego

 

Proyecto de Juan Diego Gonzálvez
04.04.12 / 06.05.12
Espacio de Arte Experimental.

cartel juan diego

ET IN ACARDIA EGO

La obra que el artista Juan Diego Gonzálvez presenta en esta exposición reflexiona en torno a la idea de lo inquietante, mediante la manifestación súbita de fenómenos extraordinarios que puede surgir inesperadamente en mitad de lo cotidiano, y alterar así nuestra percepción sobre el mundo que nos rodea. La singularidad de acontecimientos como el que aquí nos presenta nos induce a concebir nuestro entorno más próximo como un lugar que, a pesar de nuestro aparente control sobre él, se torna a menudo inseguro y peligroso.

La instalación que plantea Juan Diego apuesta, en esta línea, por la creación de una atmósfera enrarecida cuya contemplación produce deliberadamente un cierto desasosiego emocional. Desde el Romanticismo, la articulación de toda una nueva tipología de categorías estéticas contemporáneas en el arte se ha ido contraponiendo paulatinamente a conceptos clásicos como el de belleza, proporción o canon. De este modo, los fenómenos aquí representados se alejan cada vez más de ese canon de perfección al que han ido reemplazando, en tanto que normalidad establecida, para ser asumidos por nuestra percepción como nuevas manifestaciones de lo grotesco, lo sublime o lo siniestro. Este tipo de categorías ha emergido con fuerza como nueva fuente de inspiración para el arte contemporáneo, convirtiéndose en un tema inagotable e inédito. Desde que el surrealismo desarrollase la idea de la “belleza convulsa”, como manifestación del aroma de lo “extraño en mitad de lo familiar”, el arte no ha dejado de sugerir universos donde lo misterioso y lo inexplicable acechan detrás de cualquier esquina.

No es extraño, por tanto, que relatos y películas de género negro y suspense se hayan preocupado también por representar ese tipo de sucesos aparentemente inexplicables con que a menudo la naturaleza nos sorprende. Así, por ejemplo, la trama de una de las películas más aclamadas de Alfred Hitchcock, Los pájaros, relata magistralmente la conducta inusual y agresiva de una bandada de aves que amenaza y siembra el caos en una tranquila población pesquera. Otro sugerente constructor de relatos visuales, como Gregory Crewdson, esta vez desde la fotografía, se ha centrado igualmente en la representación de fenómenos extraños y comportamientos extraordinarios protagonizados por animales (frecuentemente pájaros, en su serie Natural Wonder), en donde la naturaleza salvaje no deja de sorprender y acechar a los habitantes cercanos de las zonas residenciales.

En el caso de Juan Diego Gonzálvez, la localización de su relato se desarrolla también en espacios cotidianos y tranquilos, como un jardín o un parque público. Estos espacios, concebidos para el ocio y el esparcimiento, han servido al ser humano como escenarios artificiales para reencontrarse con el paraíso perdido, con la naturaleza añorada de la que las grandes urbes se han ido separando.

Y es precisamente aquí, en estos espacios idílicos programados para el placer, el paseo y la distensión, donde se producen las escenas inesperadas que el artista nos presenta. La sorpresiva lluvia de pájaros muertos ante la que nos topamos, cuyos cuerpos inertes encontramos desparramados por el suelo de la sala, nos plantea incógnitas que activan infructuosamente nuestros recursos lógicos para tratar de explicar y dar sentido al extraño fenómeno cuya causa quedará siempre en suspenso. De igual forma, la obra pretende provocar en el espectador una sensación incómoda ante la contemplación de dichos cadáveres. Esta visión perturbadora nos provoca sensaciones de desasosiego o de consternación que se ven acrecentadas a su vez por otras connotaciones supersticiosas provocadas por la “siniestra” figura del pájaro negro. La iconografía que despliega Juan Diego conecta de manera tan profunda con nuestro imaginario colectivo que expresiones tan manidas, como “pájaros de mal agüero”, afloran inmediatamente a nuestra psique cuando nos paramos a contemplar su instalación.

El resto de las obras (realizadas con la técnica del fotomontaje), consistente en piezas de pared que sirven como antesala de la instalación principal, también abundan en esta misma idea. La aparición de un enorme pájaro muerto en mitad de un parque da lugar a un fuerte despliegue policial y detectivesco, personándose varios de sus efectivos en el lugar del suceso como si se tratase del escenario de un crimen. En todas ellas, un policía toma nota, un forense recoge pruebas, indicios o pistas y el fotógrafo toma sus instantáneas para documentar convenientemente la escena luctuosa. Todo nos remite a una estética vintage, planteada en un riguroso blanco y negro, que recuerda, tanto por el atuendo de los personajes representados como por el modo en que las escenas han sido construidas, a la iconografía característica del cine policíaco de los años 50 o a la estética sórdida y lúgubre de la noche americana que tanto fascinó al fotógrafo Weegee.

En síntesis, se trata de una exposición donde la obra ha sido estratégicamente construida para sumergirnos en una atmósfera destinada a hacernos preguntas que quedarán a menudo sin respuesta, pero cuya sola contemplación genera sentimientos encontrados de fascinación y rechazo a un tiempo, propios del encuentro inesperado con fenómenos relacionados con lo inexplicable y lo irracional.

José Gómez Isla

 

IMG_3318 2 IMG_3278IMG_3281 IMG_3287